El incremento de fenómenos meteorológicos extremos, como las tormentas de granizo, ha puesto de manifiesto la necesidad de protocolos de evaluación rigurosos para determinar el alcance real de los daños en instalaciones fotovoltaicas. Las aseguradoras se enfrentan a un reto técnico y documental que exige ir más allá de la simple inspección visual. La correcta cuantificación de las pérdidas y la identificación de daños ocultos son factores determinantes para la resolución justa de cada siniestro.
En este contexto, el perito especializado debe combinar conocimientos de ingeniería fotovoltaica, normativa de certificación y criterios de cobertura de pólizas. No basta con constatar la rotura de un vidrio; es necesario evaluar el impacto en la producción energética, la vida útil remanente del módulo y la posible responsabilidad por falta de mantenimiento. Este artículo establece los protocolos técnicos de evaluación y cuantificación que deben guiar la labor pericial.
La primera fase del peritaje consiste en una inspección presencial detallada, que debe documentarse con medios fotográficos de alta resolución y, preferiblemente, con termografía infrarroja. La cámara termográfica permite detectar puntos calientes y microfracturas en las celdas de silicio que no son perceptibles a simple vista, pero que reducen significativamente la eficiencia del panel.
El perito debe verificar la integridad de los anclajes, la estructura de soporte y el conexionado eléctrico. Un fallo en los anclajes puede indicar un defecto de instalación previo, lo que modificaría la atribución de responsabilidad. La inspección debe incluir la medición de la curva I-V del módulo afectado para comparar su rendimiento real con los parámetros nominales del fabricante.
Los daños por granizo se clasifican en dos categorías: visibles y ocultos. Los visibles incluyen roturas del vidrio templado, deformaciones del marco de aluminio o perforaciones en la lámina posterior. Estos daños suelen ser evidentes y permiten una primera estimación del número de módulos afectados.
Los daños ocultos, en cambio, requieren herramientas de diagnóstico avanzadas. Las microfracturas en las celdas de silicio no siempre rompen el vidrio, pero generan una pérdida de potencia que puede oscilar entre el 5% y el 30% según la extensión de la fractura. La norma IEC 61215 establece los ensayos de resistencia al impacto de granizo, pero los eventos extremos con granos superiores a 35 milímetros pueden superar esas especificaciones. El perito debe evaluar si la degradación observada es atribuible exclusivamente al siniestro o si existía una degradación previa por exposición ambiental.
La cuantificación económica del siniestro debe basarse en criterios objetivos y contrastables. El perito calculará el coste de reposición de los módulos dañados, incluyendo mano de obra, medios auxiliares y gestión de residuos. Si el sistema dispone de microinversores u optimizadores de potencia, debe evaluarse también su posible afectación.
En caso de daños parciales que no justifiquen la sustitución completa, se aplicará un coeficiente de depreciación por pérdida de rendimiento. Este coeficiente se calcula a partir de la diferencia entre la producción esperada y la producción real medida tras el siniestro, proyectada sobre la vida útil restante del sistema. Para instalaciones de más de cinco años, debe considerarse la degradación natural de los módulos, que suele ser del 0,5% al 0,8% anual según la tecnología del panel.
La cobertura del siniestro por granizo en una póliza de hogar o de industria depende de varios factores que el perito debe verificar in situ. El primero es la legalización de la instalación y su correcta declaración en la póliza; una instalación no legalizada puede ser causa de exclusión de cobertura. El segundo es el cumplimiento del plan de mantenimiento exigido por el fabricante y, en su caso, por la aseguradora.
La falta de mantenimiento preventivo es uno de los motivos más frecuentes de rechazo de siniestros. Si el perito detecta anclajes flojos, acumulación de suciedad que haya agravado los daños o falta de revisiones periódicas documentadas, la aseguradora puede limitar su responsabilidad. El perito debe recabar los registros de mantenimiento y contrastarlos con las recomendaciones del fabricante para determinar si el siniestro es consecuencia exclusiva del fenómeno meteorológico o si concurre una negligencia del titular.
El perito debe conocer las certificaciones que acreditan la resistencia de los módulos al impacto de granizo. La norma IEC 61215 es la referencia internacional para ensayos de diseño y homologación de módulos fotovoltaicos. En su apartado de impacto de granizo, simula el choque de esferas de hielo de 25 milímetros de diámetro a una velocidad de 23 metros por segundo, lo que equivale a unos 80 kilómetros por hora.
Para instalaciones en zonas de alto riesgo, existen certificaciones complementarias como la IEC 61730, que evalúa la seguridad eléctrica y mecánica, y la UL 1703, que incluye ensayos de impacto con granizo de mayor diámetro. La norma ANSI/FM 4473 añade pruebas de resistencia al viento y al fuego. El perito debe verificar si los módulos siniestrados contaban con estas certificaciones y si el granizo registrado en la zona superó los parámetros de ensayo, lo que justificaría la existencia de daños incluso en paneles certificados.
La solidez del expediente pericial depende de la calidad y exhaustividad de la documentación recopilada. El perito debe elaborar un informe técnico que incluya la descripción del evento meteorológico, con datos de la Agencia Estatal de Meteorología o de estaciones meteorológicas cercanas que acrediten la intensidad y el diámetro del granizo registrado.
Además, debe incorporar el inventario de daños, las mediciones eléctricas realizadas, las fotografías termográficas y el presupuesto de reparación o sustitución. Si el titular dispone de un sistema de monitorización, los datos de producción anteriores y posteriores al siniestro son una prueba objetiva del impacto en el rendimiento. El informe debe concluir con una valoración económica clara y una propuesta de indemnización basada en los criterios de la póliza.
Aunque el objeto del peritaje es evaluar el daño ya producido, el informe puede incluir recomendaciones preventivas que reduzcan la siniestralidad futura. La instalación de cubiertas protectoras rígidas o de sistemas de seguimiento que permitan orientar los paneles en posición vertical durante tormentas de granizo puede ser una medida eficaz en zonas de alto riesgo.
Asimismo, la contratación de pólizas específicas para instalaciones solares, que incluyan cobertura de granizo sin franquicias elevadas, y la realización de inspecciones termográficas anuales permiten detectar microfracturas incipientes antes de que se conviertan en un problema mayor. La prevención es la mejor herramienta para minimizar el impacto económico de estos fenómenos meteorológicos cada vez más frecuentes.
Cuando una tormenta de granizo daña las placas solares, es fundamental actuar con calma y seguir unos pasos sencillos. Lo primero es documentar todos los daños con fotografías y contactar con un profesional que realice una evaluación completa, no solo visual. Muchas roturas no se ven desde fuera, pero afectan al rendimiento de los paneles y pueden hacer que con el tiempo dejen de funcionar correctamente.
El seguro del hogar suele cubrir estos daños, siempre que la instalación esté legalizada y se haya realizado un mantenimiento adecuado. Por eso es tan importante guardar los documentos de la instalación y los partes de revisión. Un buen perito sabrá identificar todos los daños, calcular el coste de la reparación y ayudar a que la aseguradora responda de forma justa y rápida.
Desde una perspectiva técnica, el peritaje de daños por granizo en instalaciones fotovoltaicas exige un enfoque multidisciplinar que integre ensayos eléctricos, análisis termográficos y verificación documental. La aplicación de la norma IEC 61215 como referencia de resistencia al impacto debe complementarse con la evaluación de la degradación previa del módulo y la posible concurrencia de defectos de instalación o falta de mantenimiento que puedan minorar la responsabilidad de la aseguradora.
La cuantificación de la indemnización debe basarse en el coste real de reposición, ajustado por la depreciación técnica y la vida útil remanente, y no en estimaciones genéricas. La incorporación de datos de monitorización y de informes meteorológicos contrastados aporta objetividad al expediente y reduce la litigiosidad. En un contexto de aumento de eventos climáticos extremos, la especialización en peritaje fotovoltaico se convierte en una ventaja competitiva para las aseguradoras que buscan ajustar sus provisiones técnicas y ofrecer un servicio de calidad a sus asegurados.
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