La integración de criterios de sostenibilidad en los peritajes técnicos representa un cambio estructural para el sector asegurador. Los peritos ya no solo valoran daños o determinan responsabilidades, sino que deben incorporar variables ambientales, sociales y de gobernanza en cada evaluación. Esta evolución responde tanto a la presión regulatoria europea como a la necesidad de alinear toda la cadena de valor con objetivos de largo plazo que garanticen la viabilidad de las compañías y de sus proveedores.
Los peritajes técnicos tradicionales se han centrado en aspectos cuantitativos como costes de reparación o depreciación de activos. Sin embargo, la incorporación de criterios ESG exige medir el impacto ambiental de los materiales empleados, la huella de carbono asociada a los procesos de reparación y la calidad de las condiciones laborales de los profesionales implicados. Esta ampliación de alcance transforma la función del perito en un agente clave de la transición sostenible del seguro.
Uno de los principales obstáculos es la percepción de que las prácticas sostenibles incrementan los costes a corto plazo. El uso de pinturas ecológicas, piezas recicladas o proveedores con certificaciones ambientales suele suponer un desembolso mayor que las alternativas convencionales, lo que genera tensiones entre aseguradoras y peritos cuando se evalúa el valor medio de una reparación.
Otro reto importante radica en la falta de homogeneidad de indicadores y en la escasa transparencia de algunos concursos públicos, que siguen priorizando exclusivamente el precio. Sin criterios ESG claros en la adjudicación, las empresas que invierten en sostenibilidad se ven penalizadas frente a competidores que no aplican las mismas exigencias.
Para que la sostenibilidad sea efectiva, no basta con que las aseguradoras adopten políticas internas. Es imprescindible que todos los actores —peritos, talleres, proveedores de piezas y servicios, y el cliente final— compartan compromisos alineados. Cuando uno de los eslabones no avanza al mismo ritmo, se genera un desequilibrio que dificulta la rentabilidad de las inversiones en ESG.
Los peritos ocupan una posición estratégica como eslabón de contacto directo con el siniestro. Su capacidad para explicar al asegurado las ventajas de reparaciones sostenibles, incluso cuando estas tienen un coste inicialmente superior, resulta determinante para cerrar el círculo de la sostenibilidad. Sin una comunicación clara, el cliente puede rechazar soluciones más respetuosas con el medio ambiente por desconocimiento o desconfianza.
La regulación europea introduce el principio de proporcionalidad como elemento clave. Las exigencias de información y cumplimiento varían según el tamaño de la empresa, de modo que una multinacional no tiene las mismas obligaciones que un gabinete pericial familiar. Esta flexibilidad permite avanzar sin comprometer la competitividad de los actores más pequeños.
La futura transposición de la CSRD obligará a las entidades a reportar no solo sus propios indicadores, sino también los de toda su cadena de valor. Esto significa que los peritos y proveedores deberán facilitar datos verificables sobre emisiones, diversidad o prácticas de gobernanza, lo que supone una transformación significativa en los sistemas de gestión y reporting actuales.
La inteligencia artificial y la analítica predictiva ofrecen herramientas para optimizar procesos y reducir costes sin sacrificar calidad. La teleperitación, la optimización de rutas y el uso de datos en tiempo real permiten a los peritos realizar más evaluaciones en menos tiempo, compensando parcialmente los márgenes ajustados que caracterizan al sector.
Sin embargo, no todos los siniestros pueden resolverse mediante tecnologías digitales. Los daños estructurales, las averías mecánicas o las obras de albañilería siguen requiriendo intervención presencial de profesionales cualificados. Por ello, la sostenibilidad de los proveedores físicos sigue siendo un requisito indispensable para que las aseguradoras puedan cumplir sus compromisos con los clientes.
Los baremos actuales aplicados por muchas compañías siguen sin actualizarse adecuadamente al IPC ni reflejar los costes reales de una peritación rigurosa. Esta situación genera una presión constante sobre los gabinetes periciales y amenaza la renovación generacional de la profesión.
La subasta inversa de servicios y la reducción sistemática de tarifas han deteriorado la calidad percibida del peritaje. Cuando el precio se convierte en el único criterio de selección, se penaliza indirectamente a quienes invierten en formación continua, equipamiento tecnológico y prácticas sostenibles, poniendo en riesgo la calidad final del servicio al asegurado.
La sostenibilidad en los peritajes técnicos no es solo un requisito normativo, sino una necesidad para garantizar que el sector asegurador siga cumpliendo su función social en un contexto de cambio climático y exigencias regulatorias crecientes. Todo el ecosistema —aseguradoras, peritos y proveedores— debe avanzar de forma coordinada para que las prácticas más responsables sean también económicamente viables.
El cliente final tiene un papel relevante al valorar no solo el precio, sino también el compromiso de las empresas con criterios ESG. Cuando se entiende que una prima ligeramente superior puede corresponder a reparaciones más respetuosas con el medio ambiente y con mejores condiciones laborales, el mercado comienza a premiar aquellas entidades que lideran la transición sostenible.
Los peritos técnicos deben evolucionar hacia un perfil híbrido que combine conocimientos tradicionales de valoración con competencias en medición de huella de carbono, selección de materiales de bajo impacto y evaluación de proveedores según criterios de gobernanza. La capacidad de documentar estos aspectos de forma verificable será cada vez más exigida en los procesos de homologación de las aseguradoras.
Las compañías que no integren indicadores ESG en sus procesos de peritación y en la selección de proveedores corren el riesgo de perder rating de sostenibilidad, acceso a capital preferente y, a medio plazo, cuota de mercado. La transparencia en la cadena de valor ya no es una opción diferenciadora, sino un requisito mínimo para operar con garantías en el mercado europeo del seguro. En este sentido, resulta especialmente útil consultar cómo integrar prácticas verdes en el desarrollo asegurador y considerar el enfoque técnico que ofrecen los especialistas en peritajes de ingeniería y arquitectura.
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